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Creatividad artificial

Hace aproximadamente un año que me despidieron por primera vez en mi vida. Me habían no renovado, me había ido de varios trabajos pero ese despido fue el primero.

Ante una nueva búsqueda de trabajo surgía una reflexión: qué futuro tienen mi profesión y mis habilidades. En efecto, aunque el texto en su vertiente creativa es más necesario que nunca, suele ser lo primero que se cae de los presupuestos de marketing y creatividad (¿quizá por eso me echaron?) y además, el modelo de agencia, en el que mejor me siento, puede ser algo caduco de cara al futuro, según algunos movimientos como las agencias monocliente (The Backroom de McCann o C14torce de DDB), las internas, las consultoras o la creación de equipos freelance por proyectos.

Las tendencias macroeconómicas están allí. Pero a mí que me gusta buscar la amenaza más chunga de todas, porque quizá se vienen cambios mucho más transformadores. Estoy hablando de la automatización de las profesiones creativas. Sí, has leído bien. Es posible.

Y ya se intuye en el horizonte.

La creativitad, la teórica última frontera de las inteligencias artificiales

Cuando se empezaron a crear programas informáticos que, por ejemplo, jugaran al ajedrez, había dos ideas prevalentes: que las máquinas no podían avanzar más allá y que los campos creativos o con alto nivel de incertidumbre no serían fértiles para algo que solo sabía contar con ceros y unos.

Sin embargo, una búsqueda rápida en internet permite encontrar servicios creativos automatizados que generan nombres de marca o logos a partir de una premisa. Obviamente son intentos muy pedestres y hoy su principal riesgo es que a una mente poco educada en un sector en plena fiverrización, esto le parezca suficiente. El riesgo a tiempo futuro es que estas inteligencias artificiales, estos machembradores de palabras, sean capaces de buscar conceptos eufónicos o puedan encontrar similitudes en referencias gráficas, empezando a emular a los creativos humanos y a ensombrecernos en nuestro propio juego.

Y no es ciencia ficción. Una vez más, preguntárselo a Google nos lleva a encontrar ejemplos de productos creativos generados por máquinas. Y en ciertos campos, como la poesía o la música es endiabladamente dificil discernir la pluma del cursor.

Todo ello ha llevado a que ya se hayan hecho campañas de publicidad firmadas por una inteligencia artificial. Podemos preguntarnos qué será lo siguiente de forma retórica y escandalizada pero ya sea por macrotendencias o curiosidad suicida, esto no va a parar.

El criterio humano

Ahora mismo, la forma más habitual de trabajar con inteligencias artificiales de este tipo es introducir algún tipo de filtro o selección humana, generalmente al final del proceso. No en vano, no deja de ser la significación cultural lo que da sentido a los productos generados por estos programas. Ahora mismo, una IA es capaz de crear millones de imagenes pero solo el ojo humano verá algo en ellas.

¿Quizá los creativos usaremos la IA como una herramienta igual que los alfareros usan el torno?

Pero, ¿no llegaremos también a ver una inteligencia artificial capaz de juzgar y de determinar lo bello, lo válido? ¿no llegará una inteligencia artificial capaz de generar las condiciones para que se den las serendipias, esos afortunados errores, con las que tan a menudo funcionamos? Los avances en el campo no dejan de saltarse todas las fronteras filosóficas con las que tratamos de autoengañarnos y aunque esto no tiene porque ser una profecía que vaya a cumplirse, lo digo: los trabajos creativos y artísticos serán plenamente automatizables en menos de una vida humana aunque cabe la posibilidad de que, creativamente hablando, mantengamos con las máquinas una relación parecida a la que mantenemos con animales en la ganadería o con las plantas en la agricultura. Pero esa no es la única forma en la que un creativo puede reciclarse profesionalmente.

¿Qué hace un creativo ante el apocalipsis robótico?

Para mí, es obvio que a largo plazo, parte de nuestras funciones serán automatizadas. Sin embargo, como en todos los sectores, es imposible que el trabajo humano sea 100 % sustituido. Estas son algunas de las posibles relaciones que podrían darse.

  • Reparar y entrenar las máquinas: la calidad de los datos con los que se entrena a las redes neurales pasará a ser un factor que determina sus resultados creativos y, además, un buen trabajo de recopilación evita sesgos que ya están sucediendo (tengo pensado escribir sobre esto).
  • Aprender de las inteligencias artificiales. Yo, por ejemplo, para pensar en mejores nombres y claims, suelo usar la función de sinónimos de Wordreference: algo automatizado me ayuda. Y hay más: Ley Sidol, el campeón mundial de Go, aprendió de la IA que le derrotó (y que ya es absolutamente imbatible por humanos). La historia de Magnus Carlsen es parecida pero en el ajedrez.
  • Ofrecer servicios como en los viejos tiempos. Siempre quedará alguien que querrá servicios a la vieja usanza, con toque humano, igual que la fabricación artesanal se mantiene a pesar de industralización e incluso coexisten en distintos momentos de la producción.

La creatividad de las IA: responder lo que no sabes preguntar

Podemos decir que, para compararse a la humanidad, a la IA le faltan muchas cosas que seguramente terminarán plasmadas en un algoritmo en años venideros: impredecibilidad, curiosidad, aleatoriedad, feísmo (la capacidad de hacer cosas desagradables a propósito, es algo muy humano). Sin embargo, hay algo en lo que la IA son ahora mismo mucho más creativas que los humanos y en lo que sí pueden ayudarnos a lograr unos resultados mejores trabajando en equipo.

Y es que a menudo solo tenemos los datos y ni siquiera sabemos que hacer con ellos. Sin cruzarlos no podemos llegar a inferir nada. Y si no sabemos que buscamos, no sabemos qué cruzar. Pero las IA son extremadamente buenas detectando patrones (qué bien te lo cuenta este artículo) cuando ni siquiera sabemos qué necesitamos. Por eso pueden hacer cosas como inferir nuestra ideología política según nuestro comportamiento en redes, anticipar desastres naturales o segmentar un público para mejorar la efecitvidad de tu campaña cuando ni tú sabes qué ofrecerle ni a quién dirigirte.

Personalmente, creo que el futuro está en en las experencias en las que se aprovecha lo mejor de ambos lados: de lo humano y de lo artificial. Aunque tampoco hay que perder de vista que los grandes errores de la historia reciente son culpa de inteligencias artificiales mal usadas. Pero precisamente por ello es bueno hacer este tipo de ejercicios más allá del corto plazo, incluso mediante elementos especulativos, como se hace en SciFutures, un pool de escritores de ciencia ficción en el que realizamos propuestas de futuros mediante la narrativa.

Y no hay que habérselo leído todo de Asimov o Philip K. Dick para llegar a la conclusión que anticiparse creativamente al futuro es, como mínimo, positivo. Tanto en inteligencia artificial como en personas de verdad, más vale prevenir que curar.